Algunos vehículos pasan a la historia por sus innovaciones en el campo de la tecnología o el diseño. Otros merecen ser recordados por lo que significaron para la vida cotidiana de toda una generación o de un país entero. Pocos vehículos logran combinar estas dos características, es decir, técnica avanzada y sentimiento profundo, y dejar así una marca indeleble, para convertirse en una especie de icono de su época. Pero cuando esto ocurre, surgen las obras maestras esenciales de la historia de la industria. Y estos raros triunfos han incluido al Fiat 500 y al Fiat Panda, dos vehículos emblemáticos que se originaron a partir de la creatividad italiana y que pronto se unieron y convirtieron en un elemento permanente en la memoria colectiva del mercado internacional.
El intemporal Fiat 500 ya ha estado antes en las salas de un museo. De hecho, el año pasado un vehículo de la serie F, el 500 más popular de todos los tiempos, se convirtió en parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York. Y hoy es el turno de un espléndido 500 N de 1958. Al cruzar el umbral del Triennale Design Museum, se confirma la importancia de este modelo, que fue responsable de “motorizar” a los italianos, y al mismo tiempo se convirtió en una auténtica obra de diseño, reconocida a nivel mundial. El 500 N se unirá a otro vehículo que es igual de famoso: el Panda 30, otro icono italiano que ha proporcionado una forma inconfundible de experimentar la relación diaria con el automóvil desde los años 80: más inmediata, más relajada y definitivamente más sencilla.




